Cafés-pendientes

Cafés Pendientes es una iniciativa nacida en Nápoles e importada a España por Gonzalo Sapiña en marzo de 2013. Desde entonces, 200 establecimientos se han sumado a esta iniciativa con la que los consumidores pagan un café extra cuyo destinatarios son personas con dificultades sociales o económicas.

Ya sabemos que las redes sociales lo pueden todo (o casi todo, mejor dicho). Tantos seguidores tienes tanto vales; tantos ruido generas más cool; lo de leerlo todo, demasiado esfuerzo; viruliza, viruliza; ¡quédate en el titular! porque si estás en la onda, si entras al trapo, si haces la rosca, todo llega, más si hablamos de España. ¡Ah, España! El país que arrincona talentos.

El caso más estrambótico de este comportamiento tan nacional se encuentra en la gente que critica su trabajo responsabilizando a otros del fracaso. Ejemplos de esta filosofía a la española hay muchos. Uno de los más hirientes fue aquel en el que debido a la falta de trabajo, comenzamos a perder jóvenes. No estaban enfermos. Todos parecían sanos, incluso enérgicos. Sin embargo los perdimos. Se dijo entonces que tenían espíritu viajero. Científicos, profesionales cualificados, recién titulados, estudiantes… se fueron.

Y se fueron, o se quedaron consumidos en casa. Y desde entonces no sabemos qué es peor, si la situación de los jóvenes o la de los mayores o la de los “medios”; hay quien culpa incluso al propio silencio.

A mí, un amigo hace bien poco me dijo: “¡Pero cómo vas a entender España o España va a entenderte a ti, alma de cántaro! No ves que tienes mucho más que ver con un europeo que con un español”. Comprenderán mi asombro cuando replique que yo era europea.

El tío no me hizo ni caso y aunque no lo pronunció parecía estar diciendo, ¡más quisieras!

Mi amigo y yo tenemos un café pendiente. Está lejos, por suerte cámara en mano, pero como le quiero mucho de vez en cuando nos enchufamos a la red y tratamos de tomarlo juntos vía Skype. No es lo mismo, pero disimulamos.

A mí lo que de que no soy europea sigue sin quedarme claro, aunque consuela saber que la confusión es compartida.

De cafés pendientes venía hablando y también de redes sociales. Cafés pendientes tenemos muchos, desde luego, pero de todos ellos hay uno que resulta estimulante y con el que durante un rato se anula todo lo anterior.

El café pendiente que consuela llega a España gracias a un español que se llama Gonzalo Sapiña y tiene 27 años. En la web que ha creado dice que es “un joven de Barcelona, un profesional del marketing online que quiere impulsar una idea solidaria para ver cómo la gente realiza actos generosos, sencillos y de bajo coste”.

El caso es que las redes sociales, como decía al principio, pueden alimentar monstruos y egos (y monstruosos egos, también) pero de igual modo pueden incentivar lo bueno del factor humano; su potencia, su altavoz, hicieron que Gonzalo importara la fórmula del Caffe Sospeso nacido en Nápoles para instalarlo en nuestro país.

¿Que de qué va esto? De tomar un café y pagar dos. Gonzalo quiere que consumamos café y además de abonar el nuestro, dejemos pagado un segundo para que personas desfavorecidas, o con poca renta, o sin trabajo, o pobres e indigentes, puedan tomárselo exactamente igual, calentito y  a ser posible todos los días.

Para hacer realidad esto se precisa que una serie de establecimientos colaboradores añadan en sus locales el distintivo ‘Cafés Pendientes’, esa tazita humeante que acompaña esta entrada y que se puede descargar en la web http://cafespendientes.es/

Actualmente se han dado de alta 200 locales repartidos por toda España, otros 150 están esperando ser aprobados y 50 más se han inscrito pero todavía no han rellenado el formulario con el que se inicia el proceso de alta.

Las capitales con mayor número de establecimientos adheridos en nuestro país son: Madrid, Valencia, Sevilla y Barcelona. La iniciativa tiene su hashtag (#CafésPendientes) porque es gracias a la difusión de esta res social, Twitter, como ha podido llegar tan lejos: hay Cafés Pendientes en Iberoamérica, Estados Unidos, varios países de Europa, Japón y China.

Gonzalo Sapiña comenzó su aventura en marzo de 2013, desde entonces gasta entre 10 y 15 horas semanales de su tiempo en organizar este acto solidario. Si es cierto que no hay mayor poder para influir en alguien que el ejemplo, el de Gonzalo tiene que ser de los que calen hondo. Querer es poder, afirma un refrán popular. Así que a partir de ahora y siempre que puedan (y quieran), acuérdense del café pendiente, igual no cambian el resto del mundo, pero podrán influir en ese mundo que les pilla a mano y que la mayoría de las veces dejamos que pase de largo.