nuriblan_gastroliteratura

La Navidad es un buen momento editorial. Favorece las recomendaciones, aparecen nuevos títulos y todos los que se dedican a escribirlos o publicarlos practica el ejercicio de la introspección. Números y éxitos al margen, con la intención de dar ideas, pero sobre todo, para no desperdiciar esta magnífica oportunidad que brindan las fiestas para recomendar literatura gastronómica, ahí va un listado de cinco libros muy particular.

No son necesariamente libros actuales o comerciales, aunque han vendido lo suyo, sino que son libros relevantes, clásicos e infinitamente agradecidos que merecen ser recuperados y regalados. Cinco libros cuyo eje temático es la alimentación, pero que abordan mucho más que el alimento. Cinco obras que ensalzan, reflexionan o criminalizan diferentes aspectos y que andan conectados con glotonerías, historia, economía, producción y consumo de comida, además de recopilar buena parte de la que en su día fue puntera tecnología culinaria. Libros, en definitiva, que no han perdido interés. Que se mantienen y a los que siempre es bueno volver.

El primero de todos ellos va a servir para rendir homenaje a un pensador lúcido que ha alumbrado nuestro país -a veces somos grandes, reconozcámoslo-. El autor en cuestión es Luis de Sebastián. Fallecido en 2009 nos dejó varias obras importantes. Una muy interesante se titula Dios, tienes un e-mail, libro que poco pinta aquí a no ser que ustedes crean, como a veces creo yo, que un tomate tiene alma.

El caso es que este catedrático de economía fue también autor de un libro que no les decepcionará a pesar de ser algo técnico. Se trata de Un planeta de gordos y hambrientos. La industria alimentaria al desnudo (Ariel, 2009) con el que descubrirán por qué falla el mecanismo del mercado mundial de alimentos y quiénes permanecen inamovibles y no asumen su responsabilidad sin tener que recurrir a sensacionalismos. El libro encierra toda una serie de preguntas, y lo que es más interesante, aporta pruebas, por tanto, ofrece respuestas que ayudan a comprender intereses y bienintencionadas propuestas que ahí andan y no se adoptan.

Si el mundo, como poco, es bipolar -permítanme el eufemismo-, y hablamos de gordos y flacos, no podemos olvidarnos de la basura. En estas fechas tan amigas de los excesos recupero Despilfarro de Tristam Stuart (Alianza Editorial, 2011) porque el tiempo ha convertido estas páginas en un Dorian Gray imperturbable. Con el título y la fama que obtuvo en su momento, seguro que lo conocen o, al menos, les suena. Cuestiones medioambientales, políticas y sociales sobre el uso y desuso de los alimentos se agolpan en estas páginas.

La importancia del tenedor de la británica Bee Wilson (Turner, 2013) es una delicia que repasa la historia de maquinaria, aparatejos y todo tipo de cachivaches que han surgido para ayudar a evolucionar la cocina. Todo un recorrido histórico por la tecnología culinaria más sencilla, efectiva, imposible, y por supuesto, inviable o absurda.

Toca ahora hablar de libros clásicos. ¿Y qué libro hay más clásico, eternamente aludido, incluso manoseado, que la Fisiología del gusto del archifamoso glotón Brillat-Savarin? A pesar de la recurrencia a este libro, cualquiera de sus ediciones resulta válida. Sin embargo, una muy cuidada e ilustrada es la que nos ofrece la editorial Trea. Los dibujos de Alfonso Fernández y el mimo que siempre pone esta editorial en cada una de las páginas que publica hacen que esta edición sea idónea para regalar. Optar por esta obra cuya aparición elevó la comida en sí misma y por extensión el imperio de los sentidos es apostar por un valor seguro.

Por último, siendo periodista, no puede haber autor más acertado que Eric Arthur Blair, o lo que es lo mismo, George Orwell con su libro Sin blanca en París y Londres. O, lo que es lo mismo otra vez y en nuestros días de reediciones, con su Vagabundo en París y Londres (Menoscuarto, 2010). Al servicio de los desfavorecidos, impregnado de aceites, sobras y cazuelas, Orwell profundiza en la pobreza de la época. Por el libro, publicado por primera vez en 1933, transitan marginados y desahuciados en un ambiente de bajos fondos y duros y rutinarios trabajos de cocina. Un combinado que mezcla realidad y ficción con tanto acierto que ya quisieran muchas barras.

Listo. Ahí quedan cinco libros que no pueden dejar de pedirse a los Reyes Magos. No deberían tener problema en encontrarlos, otra cosa es que lleguen a tiempo para iluminar la única noche que, durante unas horas, puede presumir de mágica.