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Si es que no hay ni habrá guerra más hermosa. Salga lo que salga, gane quien gane el resultado culminará en la mesa. Comer, comer, comer. Comida. Y toda ella nacional que para eso, “España, enseñó a comer al mundo”. Palabra de “marmitón”.

Bajo el gobierno radical-cedista, en noviembre de 1933, al abrigo de patriotas y enarbolando cazos y cazuelas, el Marmitón armó la gorda sin causar una sola baja cambiando las balas por la cocina.

Podría haber sido el brazo derecho y recto de José María Gil Robles, podría haber durado unos cuantos años más, pero ni eran buenos tiempos, ni se nos dejó en paz.

Unos cuantos números, un ejemplarizante crecimiento editorial, pocas imágenes y la reproducción de lo mejor de la cocina nacional. El Marmitón, lejos de ser una publicación profesional, aspiró a ser punta de lanza del patriotismo culinario con la receta como bandera y la historia para construir su guión.

Con la estética propia, precaria y preciosa, del periodo al que se corresponde este publicación, única en su género, Marmitón alumbro cuatro hermosos números a los que se pierde la pista en 1934 y en los que la patria se construía a golpe de fogón.

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Portada de Marmitón, noviembre de 1933.

Porque para qué vamos a decir “tortilla francesa”, ¡alma de Dios!, cuando podemos titularla “tortilla doblada”. ¿O es que no lo ven? ¿Y qué me dicen del foie-gras? ¿Foie qué? Foie-gras. Que no, que no. Que eso tan fino es morteruelo. A la hora del ‘copetín’ todos zumbando a por la copa, pero que no sea ‘copetín’, pregunten ustedes por el ‘cotel’ o ‘cock-tail’. Ahí es nada. Gráciles palabros, muy monos. 

¿Consejos? Abundantes también. Valga este ejemplo: “No diga usted nunca ni escriba usted nunca salsa mayonesa y proteste usted cuando la vea escrita así en la lista de algún hotel o restorante. Diga usted salsa mahonesa, porque de Mahón fue llevada a la cocina de Francia, de donde viene el nombre afrancesado”. Venga, va. Prometido. Nunca, nunca, nunca. Abajo la mayonesa, ¡que viva Mahón!

Recuperando la seriedad habitual que me caracteriza, retrospectivamente tengo que aclararles que en su contexto semejante lucha tuvo sentido y que su enemigo quedó, como ven, perfectamente definido.

Para el Marmitón, publicación mensual bienintencionada, había que superar complejos. Dejar atrás las admiraciones foráneas. Enorgullecerse de la cocina tradicional. En la revista se hablaba de cocina regional, de regiones, pero siempre como parte de un conjunto nacional. Su misión: elevar la cocina, interesar a los caballeros por la misma. Aunque la verdad, ahora que lo pienso, en sus páginas no dejaban de aparecer señoras por todas partes: ¡Señora! La mejor manera de limpiar alfombras. ¡Señora! Lustre vajilla y copas, sea todo un modelo de ama de casa. ¡Señora! Compre tal o cual mantequilla…

Sincerametne creo que su único defecto fue la falta de medida en buena parte de sus sugerencias. Vamos un “ni tanto ni tan calvo”, que entre todos, si queremos, hacemos la vida mejor.

No quiero contarles nada de más, tampoco de menos. Tan sólo lanzarles el aperitivo porque durante los próximos días y en Madrid son muchas las actividades que se van a desarrollar como parte de la programación del Gastrofestival. Y entre esas actividades literatura, letras y cocina. Y entre tintas viejas y nuevas, el Marmitón, una joya tan peculiar y propia como el resto de nuestros estigmas y batallas. La organización les propondrá recetas, pero el jugo ya les digo yo dónde lo encontrarán. Fuera de ellas, cual guarnición. 

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