Foodie-Sound-nomadeclub-nuriblanEscritores tan perturbadores como PoeStokerShelleyBlattyLevin o el paraliterario King, han dedicado sus vidas al terror y lo inexplicable. Comparten escalofriantes ingredientes y la noche es uno de ellos. La noche que Le Nomade Supper Club ha utilizado para celebrar su última cena clandestina titulada Enmascarados. Dos chefs, Javier Endara –BalzacAlboroqueBistro Madrigal y Casa de América–  yXavier García de Palacio, tres grandes mesas y una treintena de personas reunidas en un lugar secreto para comerse, literalmente, la muerte.

Monstruos, pesadillas, terrores sobrenaturales y clandestinidad en una misma noche, la noche de difuntos. Una noche mágica cuya estridencia reposa en Halloween, excusa para bares y locales, repostería y disfraces. Pero en las celebraciones sobre el trance de los vivos a los muertos es posible encontrar estilo y buena cocina.

Es el caso de la última propuesta de Le Nomade Supper Club, algo más que una empresa de catering que ha realizado hasta la fecha ocho eventos clandestinos con notable éxito. Miguel de Tena y Francisco Caravello son los artífices del renacimiento de las reuniones secretas, tan habituales en otros tiempos: locales ilegales de los años veinte, alcoholes prohibidos y música negra han sido el detonante para que estos dos emprendedores le den una vuelta a la restauración itinerante en la que cada cita es una sorpresa.

La última de sus ideas tuvo lugar anoche en la madrileña calle De las Aguas, en la Latina, bajo el título Enmascarados, guiño perfecto con el que garantizar misterio y anonimato.

Desde las uvas de la ira bajo la estricta mirada del icono Hamlet, por las mesas pasaron el fruto líquido de godellos, garnachas, malbecs y tintos finos. Todas contextualizadas por David M. Garrote, responsable de la selección y auténtico heavy wine man, con el que fuimos degustando los platos y sus vinos: Neno (Viña Somoza, Valdeorras),Uvas de la Irá (Daniel Landi, Méntrida), Alamos (Mendoza, Argentina) y Venta las Vacas (Vizcarra, Ribera de Duero).

Como entrada Bloody Harker, un coctel sangriento digno de Drácula, de textura inquietante y sabor agradable -granizado y gelatina de tomate, cremoso de parmesano y unas gotas de tabasco-. Si el pecado de la carne vino bajo la apariencia del Atún rojo marinado sobre crema fría de pistachos y reducción de naranja, el miedo y la nebulosa muerte se instalaron en las mesas con uno de los personajes gore por excelencia, Jack The Ripper, cuyo nombre bautizó el steak tartar. Para nacionalizar el menú, una sabrosa Sardina ahumada (de lo mejor de la noche junto con el rissotto) sobre una alicantina salmorreta, actualizada con hierbas Thai.

Como en toda noche fantasmal y gastronómica, no faltó la casquería con un espectacular Rissotto al tempranillo con manitas de cordero, rematado con gambas blancas, al que siguieron las carrilleras ibéricas -muy bien elaboradas- sobre papa pomodoro y aroma de albahaca.

Postre de los anfitriones con nombre de vampiro y recuerdos a polo helado, Le Nomade’s Drácula -compota de fresas, helado de vainilla y espuma de coca-cola-, y una copa final para rematar la cena Enmascarados en la que tampoco faltó la nota de melancólica de un violín solitario.