Gambas bailaoras, Elena del Castillo

Gambas bailaoras de Elena del Castillo.

Aquel tópico de matrimonios entre blancos y pescados no es de mi agrado, aunque tiene su fundamento, no siempre, pero lo tiene. Tampoco parecía que fuera a sorprenderme como lo hizo el vino blanco del que vengo a hablarles, pero en cuanto lo caté se cruzaron en mi mente varias imágenes: la de las gambas y, siento decirlo y contrariarles -yo misma no salgo de mi asombro-, la de Forrest Gump, su amigo Bubba y las Bubba Gump. O sea la imagen de unas gambas majas, sin que sean un lujo de gambas.

Puede que fuese el mar que lo acompañaba, puede que fuese mi melancólico estado, mi afición al celuloide, mi última propuesta académica que está pendiente de un hilo y sobre la que espero resultados, el agotamiento o el exceso de alegría que se siente durante esos maravillosos instantes en los que, apenas unos segundos, puede una mirarse y decir: ¡soy o estoy completamente feliz! Un par de sorbos y, ¡listo!, nada importa nada. ¡Dura poco pero es fantástico!

En fin, fuese lo que fuese, ya digo, quizás incluso el desempleo, las envidias, los desprecios, las injusticias, las próximas elecciones (¡Oh, my God!), o mi peinado; el caso es que fue catarlo y todo en mi cabeza fueron caparazones. Y largos bigotes rosados, y cuerpos curvos, tiernos, blancos y salados. Comencé a degustarlo y en un segundo sobrevenir la simbiosis con el mar. También me acordé de mi amigo (digital) Joaquín Campos y de algunos de sus textos; de los dim sum; del sushi por aquello del mar y el pescado; de Nagoya por idéntico motivos, pero sobre todo por dominar la técnica de este crustáceo frito; y de Jung Chang y los cisnes salvajes, de lo poco que importamos y lo de pasada que estamos.

¡Qué puedo decir salvo que a veces, frente al mar, soy un misterio! 

Al contrario de lo que pueda parecer, no me resultó complicada semejante maraña de pensamientos, porque más que de la tierra, aunque a la tierra vamos, somos agua y agua reímos y lloramos. 

Me ofrecieron esta copa de vino, este Costa SW Reserva 2013 de Brejinho da Costa como si tal cosa, como algo menor. Lo bueno, deduje entonces, tendría que estar por venir, al fin y al cabo es lo que nos dicen siempre.

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Costa SW “branco” 2013 de Brejinho da Costa. Imagen Nuria Blanco.

Lo sostuve, lo miré y dudé. Tras al primera toma de contacto directo, un stop. El trago siguiente, centrada la mente y silenciadas las gambas, regresé a la profesional situación. Atenuado el rumor de las olas, no pude evitarlo y de nuevo me asaltaron las gambas, sus cabezas jugosas y el deseo y placer de poder pelarlas tranquilamente sin más prisa que la de paladear perdiendo el tiempo.

Sé que van a encontrar por ahí, más y (probablemente) mejores textos, más sesudos, quizás no sobre este vino pero sí sobre sus responsables, pero ahora mismo ese aspecto aquí, en este momento, en el aquí y el ahora, no hace falta alguna filosofar más allá de este sueño rodeados de gambas. Me ha dado por reír y llorarlo todo. Nunca ha sido oro todo lo que reluce y no hay más camino que el conocimiento para forjarse opinión. Por eso, hablar, aquí y ahora, de este modestillo embotellado cobra más sentido que nunca. No piensen que proviene de un lagar -por decir algo- humilde, ni mucho menos. Muy al contrario, piensen que detrás del transparente cristal y su tierna y pajiza tonalidad hay un importante aparato -y familia- y también estudios de mercado; dicho lo cual, no hay por qué despreciar la comercial propuesta porque cumple, y cumple holgadamente, o cumple bastante.

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A pesar de que ésta fue una magnífica comida y un todavía mejor encuentro con los vinos de Brejinho da Costa, eché de menos las gambas. Imagen Nuria Blanco.

En tiempos difíciles dar con un vino que cumpla las tres “bes” tiene su importancia. Y esta apuesta llamada Costa SW Reserva 2013 es una apuesta por el vino bueno, bonito y barato. Un vino sobre el que no indico precio para que se sorprendan llegado el momento, dando por sentado, en un alarde de optimismo sin igual, que se fían de mí.

Por grotesco que les pueda parecer, entre sus cualidades van a encontrar el equilibrio, la calidad y persistencia que se espera de un blanco de estas características, por tanto, éste es un vino franco, que lo aguanta todo, y esconde estas maravillosas sorpresas en las que mucho tienen que ver las propiedades del suelo -muy seco en la superficie, con gran cantidad de agua soterrada-, y las variedades de uva con las que está hecho: Arinto, Fernão Pires y Sauvignon Blanc. Ya les digo que lo compran o regalan y aciertan fijo.