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Eriobotrya japónica o níspero.

De carne firme y fundente, acidulado, cremoso y floral recuerda a las frutas tropicales. Tiene pocas calorías, interesantes valores nutricionales y constituye un complemento culinario muy interesante al integrarse o formar parte de todo tipo de combinaciones dulces o saladas. Perfecto para realizar mermeladas o como compañero de quesos cremosos, el níspero, fruta que hoy es protagonista por diferentes motivos que oscilan entre la nutrición, el arte y la conciencia, tiene su origen en Asia central (China y Japón). 

Su nombre científico es Eriobotrya japónica. Es un árbol de la familia de las rosáceas, de hoja verde y muy productivo, que durante años fue utilizado como árbol ornamental. A partir de 1.800 comenzó su cultivo o explotación, que se extendió por España en la zona del Levante gracias a un marino mercante llamado Capitán Roig.

Si está en su punto y procede de la zona de Callosa d’en Sarrià, preciosa tierra que he tenido la fortuna de disfrutar durante algunos años, con esta fruta estaremos rozando el cielo. Allí se encuentra su DOP, Denominación de Origen Protegida. De allí procede un níspero de una calidad extraordinaria, y allí se utiliza el níspero de maneras sorprendentes. Licores, mermeladas, dulces, en almíbares… También en una cerveza artesa: cerveza Nispra, cuya sede está en Altea, de producción limitada y elaborada a partir de malta de cebada, lúpulo en flor, agua, levadura y este fruto, el níspero.   

La tendencia a crear huertos urbanos, a realizar un consumo ecológico, o mejor dicho, lo más natural posible dentro de nuestras posibilidades, está ganando terreno. Tenemos a nuestro alrededor propuestas para hacer crecer casi cualquier variedad vegetal comestible en apenas unos metros de terreno, cuando no en macetas (caso de las hierbas aromáticas, algunas tomateras, etc.). Sin embargo, esta euforia urbanita y las plantas, arbustos y demás especies que la acompañan corren riesgo de abandono bien por desidia, poca maña o directamente incapacidad para responsabilizarse de su cuidado con la regularidad que precisa el arte del cultivo.

El artista y fotógrafo Hönevo, que desde hace algún tiempo está inmerso en un proyecto multidisciplinar en el que las plantas juegan un papel esencial, recuperó una de estas plantas, precisamente un nisperero completamente abandonado en una de las calles de la capital. Se preguntó si sería capaz de resucitarlo, de devolverlo a la vida, de dignificar su naturaleza. De ser así podría formar parte de Bionic Dance, una de las aristas de su último trabajo Bionic Photo, conjunto de fotografías y plantas con las que introducir naturaleza en ambientes cerrados, que se presentó el pasado miércoles en Madphotogallery (C/ Ángel Puech, 1. Madrid).

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El artista Hönevo instantes antes de la inauguración de Bionic Photo, exposición fotografía biónica en Madphotogallery. 20-05-2015. Imagen Nuria Blanco.

Efectivamente el árbol se recuperó y formó parte de esa inauguración, con unas hojas recién estrenadas que supieron moverse junto a dos bailarinas que bajo la batuta de un chelo dieron forma a la Suite nº 2 de Bach.

Bionic Photo, es un conjunto de fotografías artísticas que vienen a despertar esa necesaria reflexión sobre la naturaleza, sobre las plantas, sobre su papel en la Tierra. Son obra del artista autobautizado como Hönevo y fueron expuestas al público el pasado 20 de mayo quienes se sorprendieron, como lo hice yo, de la vistosidad de la propuesta: colores y formas rematadas por elementos vegetales con los que jugar.  

Esta unión de fotografías y plantas vivas en suspensión, nace de una investigación en la que los sentidos y la sensibilidad estética se mimetizan para ofrecer un mensaje ecológico y natural. En Bionic Photo las plantas se convierten en totems visuales, en elementos esenciales para el desarrollo de esta nueva corriente artística, iconográfica y sostenible.

Las plantas, contenidas en recipientes y alimentadas con agua, pueden deslizarse por las imágenes; pueden cambiar según el estado de ánimo del observador. Y dentro de esas variedades que podemos cultivar con muy poco esfuerzo se encontrarían todas las hierbas aromáticas que tanto utilizamos en cocina.

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Obra del artista Hönevo. Fotografía biónica. Armonía de imagen y plantas. Hierba aromática (hierbabuena). Imagen Nuria Blanco.

Este proyecto no es sólo fotográfico, la danza constituye otra herramienta de expresión, en este caso terapéutica y corporal. La danza biónica que protagonizó el árbol del níspero recuperado, está siendo objeto de estudio por parte de psiquiatras, biólogos y botánicos; un equipo multidisciplinar que está analizando la relación que se establece entre personas y plantas vivas, de tal modo que estas últimas podrían ayudar al desarrollo personal acompañando e influyendo con su crecimiento en aspectos positivos de la comunicación y la personalidad.

Si les resulta interesante pueden acudir a Madphotogallery donde sin duda se asombrarán con la propuesta de Hönevo. Sus imágenes pueden ser el remate natural de salas de restaurantes, recepciones hoteleras, despachos o cualquier salón. Merece la pena acercarse y comprobar que el mensaje sobre la necesidad de cuidar el planeta no sólo es necesario sino que es posible a escala individual.