The Magician (1951). René Magritte (1898-1967).

The Magician (1951). René Magritte (1898-1967).

Imágenes, animales y costumbres, un magnífico collage gastrosocial aglutinado en El Ilusionista de René Magritte. Consumimos tantos alimentos como publicidad y símbolos. Unos nos hacen crecer y otros nos persiguen e insisten. Consumimos nutrientes y nos alimentamos de imágenes, imágenes que nos acechan o que llamamos en nuestras casas y fuera de ellas; que nos acompañan mientras viajamos; cuando estamos en el trabajo, en las aulas o en lugares de ocio; están presentes hasta en mochilas y bolsillos porque no hay prácticamente ningún ciudadano del mundo desarrollado que no haya sucumbido (si no lo ha hecho, tengan por seguro que lo hará porque somos animales de costumbres, y las costumbres, créanme, también se fabrican) a tabletas o teléfonos que proporcionan información e imágenes al instante.
El caso es que cuando todavía resultaba impensable deslizar un dedo por una pantalla y adquirir todo tipo de contenidos e informaciones, muchas de esas imágenes que hoy afortunadamente acuden a nosotros con un solo toque para mantenernos cultivados, aguardaban únicamente en cámaras, salas y museos.  Y, aunque ha pasado mucho tiempo desde que ya no nos llamamos animales, no podemos desprendernos de los tres factores de los que estamos compuestos. Uno de ellos, el biológico, nos recuerda el origen animal y el cuerpo mortal. Gracias al segundo, el psicológico, somos capaces de imaginar y crear, de generar imágenes. Y el tercero es la resultante de nuestra interacción con los otros y con el mundo que tantas veces deriva en cultura.
Somos por tanto un ser animal, lleno de imágenes y capaz de generar cultura, y se da la circunstancia de que en la conducta alimenticia el ser humano es capaz de desplegar en un mismo instante estos tres planos. Basta con echar una ojeada al cuadro de René Magritte, El Ilusionista (1951), para comprobarlo.
Como seres gastrónomos poseemos la inteligencia de no conformarnos con lo que vemos y al haber sido capaces de escoger, manipular y crear nuevos los alimentos hemos demostrado esa capacidad de recrear o fantasear empleando el pensamiento, la mente. Recreamos, a través de imágenes, aquello que anhelamos o queremos.
No se me ocurre un cuadro mejor que éste, cuyo título en sí mismo hace gala al complejo proceso que acompaña el comportamiento en la mesa. Un proceso en el que, bajo el pincel surrealista de René Magritte, confluyen estos tres factores: el hombre inteligente, el hombre mortal para el que la carencia de alimento significa la muerte; el hombre cultural que, en sociedad y en torno a la mesa, establece un diálogo consigo mismo y con los demás; y el hombre al que la comida habla mientras es capaz de socializar.
El Ilisionista es una triple imagen en la que el comensal ofrece tres movimientos en cuyo destino confluye todo lo anterior. Con las manos inferiores este ilusionista trocea el alimento con el que nutrir el organismo. Con las manos superiores sirve nada menos que pan y vino, dos de los símbolos culturales que en forma de alimento están presentes en todas las culturas desde el origen de los tiempos. Y mientras trocea, degusta y sirve vino sus ojos nos dicen que estamos ante un hombre libre que ha optado por hacer del acto de comer una costumbre llena de significados culturales en la que intervienen la educación y el gusto, con lo que el hecho de alimentarse deja de ser un acto vital para convertirse en un acto culto, diferente del que realiza cualquier otro animal.