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Ostras Sorlut. Imagen Nuria Blanco.

Basta ya de convenciones. Ni fechas especiales ni calendario comercial, consumir e incorporar las ostras al decálogo personal de aperitivos no es ninguna broma. Cada cual debe escoger, decidir o buscar su momento. Sin justificaciones, a contracorriente o por cualquier otra razón o a destiempo porque cualquier día de la semana es perfecto para dejarse acompañar de unas buenas ostras.
Si no me creen no tienen más que comprobarlo. Pueden consumirlas en algún restaurante, en algún puesto de mercado gastronómico y cultural, o pueden llevárselas a casa para aderezarlas al gusto. ¿Cómo? ¿Con qué? ¡Con infinidad de cosas!
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Una combinación perfecta e inusual. Ostras Sorlut con tomate, cilantro y aceite. Imagen Nuria Blanco.

Tradicionalmente asociadas a un estatus de consumo superior las ostras han sido objeto de cultos y envidias durante buena parte de nuestra historia moderna. Hoy en día no tenemos la necesidad de homenajear ni envidiar, pero sí tenemos la necesidad de probar y avanzar en el espectro de mezclas, combinaciones y sabores conocidos.  Reconozco que con las ostras aparentemente lo tenemos difícil. Pero es sólo una apariencia. Ahí quedan ejemplos de platos sublimes (y que me perdone Sacha Hormaechea por volver a citar sus ostras escabechadas, no soy ni seré la única) de inolvidables presentaciones. Pero como fieles seguidores de la diosa Gasterea no podemos estancarnos y condenar el paladar a degustar, por delicioso que éste sea, el mismo alimento, elaborado o presentado de igual forma una y otra vez.
Así que atrévanse con las ostras. Y si son Ostras Sorlut, mejor todavía porque su calidad y variedad son una garantía. Las pueden encontrar, por ejemplo, en el Mercado de San Miguel donde se pueden pedir y saborear al instante, en su pequeño local, o bien,  también las pueden pedir para llevar.
Para empezar a desterrar comportamientos típicos, atrévanse a saborearlas en casa, a pedirlas cuando no haya nada más especial que celebrar que la propia existencia, porque si de algo tenemos certeza es de nuestra fugacidad.
Añadan a esas ostras de un día cualquiera unas pinceladas de wasabi; de jengibre encurtido; de especias como la pimienta de  Sechuán, potenciador natural del sabor, o la nuez moscada para darles el toque original que distinga ese día de todos los demás.
Vayan a la compra y cuando regresen a sus casas vístanse con su mejor delantal. Abran todas y cada una de sus ostras, y corten cuadraditos de tomate, añadan cilantro muy fino y unas gotas de aceite de oliva y extiendan una ligerísima capa sobre una de las mejores ostras que se venden en nuestro país. O piquen cebolletas y algo de cilantro, viertan unas gotas de sake y de nuevo combínenlo con la carne tierna y ligeramente dorada de una Speciale Daniel Sorlut, una de las variedades de la marca francesa y decididamente especial.
Hay otras y arriesgadas combinaciones con resultados sorprendentes como cuando acompañamos las ostras con kiwi, mango o granada. O como cuando vertemos unas gotas de salsa de soja, chile Habanero o Tabasco.
El caso es que podemos disfrutar de las ostras en cualquier época del año. Cualquier día es válido para hacernos este regalo para los sentidos.