Foodie-Sound-libro-cocina-Alejandro-DumasEl emperador Varus quería doce comensales en su mesa, ni uno más ni uno menos. Bajo el reino de Augusto, que pasará a la historia por haber otorgado a la mujer un lugar en la sociedad romana (¡alabado sea el Señor!), también se  exigía el mismo número de comensales pero multiplicado por dos, porque habían se sentarse a su mesa doce hombres y doce mujeres. Menos fastuoso fue Alejandro Severo quien ordenó la confección de servilletas especiales y rayadas exclusivamente para la exhibición en la mesa de su casa. Sin embargo, mucho antes de que los romanos lo exagerasen todo, los griegos añadieron al mundo y a las mesas la importancia de la palabra. Las primeras y más hermosas cenas fueron concebidas en Atenas donde el alimento era tan importante como la conversación, esa sal de la mesa, la sal ática que hoy en día practicamos y que gracias a la literatura perdura.

Palabras y conversaciones son sólo unas cuantas de las minuciosas anécdotas y  muchísimos datos que Alejandro Dumas nos ha dejado en un curioso y particular libro. Un libro que bajo la fórmula de diccionario contiene increíbles anécdotas, curiosas clasificaciones de alimentos y un buen número de recetas de un glorioso periodo de la historia.

Hablar de Alejandro Dumas son palabras mayores. No sólo es un escritor venerado hoy en día, sino que su extensa obra, o cualquiera de sus libros como lectura individual, formará parte de las vidas de todos aquellos que lo hayan leído.

Escritor de novelas, folletines y obras de teatro, Dumas hizo época. Durante el siglo XIX se convirtió rápidamente en un fenómeno literario. Autor prolífico consiguió traspasar la frontera del tiempo y todos tenemos en mente muchas de sus grandes novelas como Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montecristo (mi favorito).

Su fisionomía (hombre corpulento) delataba su gran afición a la cocina, de ahí que culminase su carrera con este peculiar Diccionario de cocina (Gadir Editorial, 2011).

Cocinero y notable gourmet experimentó todo tipo de platos suculentos que, una vez leídos, hacen honor a una verdadera edad de oro para la gastronomía francesa de la que disfrutaban con asiduidad burgueses y aristócratas.

No es éste un hecho asombroso porque otros grandes de la pluma como Balzac o Flaubert, entre otros, dejaron reflejada en la literatura la creciente presencia del arte culinario de su época. Un periodo en el que la cocina se debatía entre la innovación e imposición de nuevas creaciones frente a la extendida y riquísima cocina regional.

En este diccionario de cocina Alejandro Dumas hace honor a su extensa memoria. Paisajes naturales y urbanos acumulados a través de un sinfín de viajes se pasean en estas páginas paralelos a memorables pasajes gastronómicos.

Dumas sostenía que “para conocer bien el arte de la cocina no hay nadie como los hombres de letras: habituados a todas las exquisiteces, saben apreciar mejor que nadie las de la mesa”. Hemos de reconocer que razón no le faltaba porque bien sabemos que en cuestiones de exquisitez y reconocimiento no es tan importante la posición como el espíritu. Así que como si de unas memorias gastronómicas se tratase y escrito durante sus últimos años de vida, quizá por aquello de ver cerca el final y querer compartir y rememorar las grandes experiencias en cocina y en la mesa, Dumas nos dejó este curioso diccionario. Una versión reducida muy interesante que permite reproducir muchos de aquellos platos, extraído de un extenso original que fue publicado por primera vez en castellano por la editorial Gadir en el año 2011 y que incluye recetas que también formaron parte de su mundo.

Su división interna, que ofrece por un lado una pequeña historia de la cocina y por otro el recetario, se combinan con el buen sentido del humor que, transmitido a través del lenguaje, caracterizó la intimidad del escritor.