portada-libro-child-fragmento

El arte de la cocina francesa de de Julia Child, Louisette Betholle y Simone Beck editado por Destino (2013).

Primero con la dulce versión cinematográfica sobre su vida, después con la reedición en versión original de su afamado Mastering the Art of French Cook y ahora, ¡por fin! llega a España el imprescindible título para gastromitómanos. Con la reedición del libro de cocina El arte de la cocina francesa la señora Child inunda las librerías nacionales para hacerla casi tan famosa como en su tierra.  Julia Child regresa a pesar de estar muerta y de soportar eternas alusiones, bromas o aspiraciones sobre su persona. Y lo hace con mucha más gracia que la inmensa mayoría de libros publicados por otros muchos presentadores, nacionales o importados.

Sí, tenemos que gritar a los cuatro vientos que estamos de suerte. Aficionados, incluso mitómanos culinarios, gastroadictos y demás foodies contamos con un nuevo e imprescindible volumen del que estoy segura le aguarda, si no el mejor, uno de los mejores lugares de la gastrobiblioteca. Me refiero a la versión en español del clásico libro de Julia Child, El arte de la cocina francesa.

Pero Julia Child es algo más que este fascinante libro, más que unos cientos de programas televisivos y mucho más que las eternas y aburridas alusiones a su altura estratosférica, a sus rizos y perlas.

La valentía de esta mujer, de naturaleza inconformista, su orgullo y la labor titánica de traducción (e interpretación en algunos casos) de recetas de cocina francesa forman parte de su leyenda. Fue el gran legado a la sociedad norteamericana junto con la capacidad de la que hizo gala para transmitir confianza a un ama de casa media y encasillada, preparada para poco más que para satisfacer las demandas masculinas y de sociedad. Y es que cuando Julia se ponía el delantal demostraba que la cocina, la cocina hecha en casa con buenos resultados, era posible, satisfactoria y hasta divertida. Y cuando la ciudadana media estadounidense, aburrida de cocinar las mismas fórmulas y adquirir productos alimenticios procesados rendidas así a la comida rápida también en casa, adquirió confianza de receta en receta, de capítulo en capítulo, consideró que si Julia Child podía con ese pollo, pato o con su famoso beef bourguignon, ¡qué narices!, ellas no iban a ser menos.

julia child foodie sound

Julia Child durante la emisión de uno de sus programas televisivos.

Esta mujer polifacética por cuyas manos pasó documentación oficial durante la II Guerra Mundial y años posteriores, enseñó a toda una generación madura que la cocina estaba al servicio de las mujeres y no a la inversa. Una lección que no está de más pues durante años, la cocina, ha sido por igual fuente de sufrimiento, ataduras, accidentes y un lugar para niños trabajadores, esclavos, desechos sociales y gentes sin formación hasta hace apenas dos siglos y medio. La cocina fue razón de ser y finalidad para todas las mujeres del mundo junto con la maternidad, y, salvo en las sociedades desarrolladas generalmente continúa siendo así.

La traducción y edición de El arte de la cocina francesa de Julia Child, Louisette Betholle y Simone Beck (ambas mucho menos célebres sin duda) se debe en nuestro país a la editorial Debate que, con una cuidada presentación, ha tratado de reproducir ese romántico aire original de la obra publicada por primera vez en 1961.

El libro cuenta con el prólogo de los cocineros David de Jorge y Martín Berasategui. A ambos se les nota emocionados (tanto como yo, si cabe) y ambos afirman que la obra contiene “los elementos clave de la gran cocina de occidente”.  Julia Child cuenta con el apoyo y reconocimiento del público y de los escritores de cocina más grandes como el mismísimo Harold McGee, reconocido admirador de este obra de la cual no ha parado de destacar el aliento que tanto el afanado cocinero como lector curioso reciben con cada receta y en cada página.

Julia Child es parte de la historia norteamericana, y hablar de Julia Child es hablar de un periodo de su historia, un pequeño fragmento pero significativo.

La señora Child, bastante feminista por cierto, dejó claro que el papel de la mujer en la sociedad norteamericana tenía que cambiar y que de la cocina debían disfrutar tanto hombres como mujeres; sobre estas últimas que debían estar orgullosas de lo que hacían. Su modo de cocinar irrumpió en la década del boom industrial y tecnológico de los alimentos consiguiendo lo imposible: poner en cada casa de clase media un excepcional plato de la siempre venerada cocina francesa. Dejando atrás su papel de ama de casa y sin renunciar a su origen se convirtió en un fenómeno literario e icono de televisión. Tras ella, todo lo demás incluidas las perlas.