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Tartaleta Hommos -crema de garbanzos- con chistorra, Fatoush, Mutabal -crema de berenjena-, Kebbe -relleno con piñones-, Fatayer -empanada libanesa al horno rellena de queso adornada con oliva negra-, Baklava -delicia final-, Sambusa – empanadas¡ libanesa fritas y rellena de verdura-, y, Tabbouleh -ensalada de menta y perejil-. Vino, Valtravieso (DO Ribera de Duero) para maridar algunos de los platos. Imágenes Nuria Blanco Hernández, autora de Foodie Sound.

La cocina libanesa seduce y atrapa, enamora. La poetisa Nada El Haye tituló, Mi amor, un poema con el que recordar la fuerza de esta tierra y el aroma y grandeza de sus delicias y sus fuegos: “Aquel que desee un beso coja una flor, que el que busca un abrazo coseche un campo […]”. Aquel que necesite silencio, darse un respiro, o pensar en ese abrazo, encontrará en la resistencia de esta cocina un viaje al pasado que, a través de los sentidos, ofrece el cálido refugio del que sólo es capaz de dar cuenta la cultura cotidiana.

La cocina de un pueblo es la cultura de la vida diaria. Una riqueza extraordinaria fruto de la herencia y la adaptación. Pimienta, especias molidas, garbanzos, berenjenas, hojaldres, frutos secos, miel y pistachos,  aceite de oliva, cordero y verduras, perejil y ajo, ajonjolí, canela y clavo… Son algunos de los ingredientes que forman parte de la cocina libanesa cuyos aromas inundan en cada plato al comensal.

Con la cocina libanesa compartimos conexiones mediterráneas y también mucho trabajo. Al igual que nuestro recetario tradicional alberga platos cuya preparación es laboriosa, la cocina libanesa conlleva dedicación y esfuerzo en la mayoría de sus platos. Variada y colorida no puede negar su inspiración árabe. Es una cocina que no pesa, equilibrada y ligera de grasas, motivos por los que constituye una de las alternativas gastronómicas más sanas a la que podemos recurrir esos días en los que el cuerpo pide sabores nuevos.

En Madrid tienen, desde mi punto de vista, al menos, dos lugares muy buenos para disfrutar de esta cocina, pero hoy sólo vengo a hablarles de uno de ellos, uno  accesible y auténtico llamado Shukran, una cadena cuyo crecimiento en la capital es un hecho.

La expansión de Shukran es sin duda una buena noticia para todos porque sus propuestas constituyen una alternativa exótica a precios razonables en la ciudad de Madrid. El pasado jueves la cadena inauguró un nuevo local en la localidad de Tres Cantos –Shukran City-, donde se concentra un importante núcleo de negocio y población. Por calidad, autenticidad y servicio la cadena ha ido ganando clientela. Y han ido planificando su crecimiento a través de lugares tan apropiados o emblemáticos como Casa Árabe o el barrio de Malasaña.

Shukran significa gracias en árabe, y es la palabra amable que sirve para definir este lugar franco donde se trabajan recetas representativas de la cocina libanesa, donde se ofrece una cocina sencilla que no simple, cuya carta se muestra fiel al origen y los precios no están abultados.

En la misma podrán disfrutar del tradicional Hommos, el delicioso puré de garbanzos y aceite de oliva; su primo hermano a base de berenjena llamado Mutabal, o la ensalada de perejil picado, menta y tomate, y sus características notas ácidas de limón, el refrescante Tabbouleh. También encontrarán muy distintos hojaldres, esa masa maravillosa que hasta el mismísimo Ferran Adrià lamenta no haber podido inventado. Los hay dulces elaborados con miel, pistachos, anacardos, nueces, dátiles… Es el irresistible Baklava cuya variedad hace especialmente difícil decidirse; y los pequeños triángulos salados, rellenos de verdura o queso que responden al nombre de Sambusa. O el indispensable y gran representante el Falafel, las croquetillas de vegetales y garbanzos servidas con salsa Tahini elaborada a base de sésamo o ajonjolí.

Hay muchísimos más en su variada y rica carta que va creciendo e uniendo culturas como lo demuestra su última propuesta hecha pública en esa inauguración de Shukran City: la tartaleta de hommos y chistorra, original y sabrosa.

Solemos escuchar con mucha frecuencia que la riqueza no se mide por las cosas que se poseen sino por aquellas de las que sabemos prescindir; también por aquellas cuya sinceridad es manifiesta. Y así es la propuesta culinaria de este restaurante, sincera y accesible a todos los públicos. Una propuesta muy buena para acercarse y realizar un primer encuentro con la cocina libanesa del que seguro no se arrepentirán.