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Pescado frito, street food a la española. Imagen Nuria Blanco.

El denominado street food no es más que comida callejera, comida que encontramos mientras caminamos en pueblos y ciudades. Comida preparada al instante y servida en la calle lista para consumir sin interrumpir el paso.
Tradicionalmente elaborada en puestos informales el street food es una alternativa de comida rápida o tentempié ocasional, una interesante opción al fast food que cuenta con largo recorrido y presencia en todo el planeta.
Desde países asiáticos a grandes manzanas, la comida callejera ha ido evolucionando aunque ha formado parte del paisaje urbano desde que existe el comercio. Mexicana, asiática, inglesa, estadounidense, española o vegetariana. El street food está abierto al mundo culinario y si se come en la calle con las manos a nadie le cabrá ninguna duda de lo que estamos hablando.
Dentro del mundo occidental se nombra a Oscar Mayer como uno de los primeros que en 1936 echó a andar, empujando un carrito con comida por las calles de Nueva York, ofreciendo a los trabajadores y viandantes el archifamoso perrito caliente. Sin embargo, aunque Mayer llevaba tiempo en el negocio de las salchichas, el concepto de comida callejera llevaba veinte años explotándose en el mismo territorio por otra persona. Fue Nathan Handwerker, un polaco emigrado a los Estados Unidos, quien vio la comida callejera como alternativa de vida y en 1916 instalaba un stand en una esquina de Coney Island desde el cual comenzó a vender perritos calientes al tiempo que daba forma a todo un imperio.
Kebabs, hot dogs, bagels, pretzels, tacos y batatas, hamburguesas, sushi, batidos, helados, salchichas, carnes e insectos más o menos fritos. El street food no entiende de dulces o salados. Tiene la fisionomía del lugar del que proviene. Y, aunque debería exigírsele calidad e higiene, no siempre es posible y su regulación depende de cada país.
Si hablamos del street food a la española no podemos dejar de nombrar el pescado frito o los churros, incluso las míticas castañas. Pero desde hace relativamente poco tiempo también contamos con iniciativas de inspiración estadounidense. En concreto me refiero a los famosos food truck, un híbrido entre retrocaravana o retrofurgoneta habilitada como improvisado establecimiento de comida y bebida rápida. Y no debe ser mala idea porque el chef Koldo Royo ha cambiado el dorado Michelin por un plateado y flamante food truck en Mallorca. De él, de su rumbo e iniciativa hablará en el encuentro organizado por Yanet Acosta y su The Foodie Studies que tendrá lugar en MediaLab Prado el próximo sábado. Tampoco faltará Gipsy Chef, activista cocinero que cuenta con mucha experiencia sobre este terreno.
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Las croquetas también pueden ser ‘callejeras’.
Imagen “Y sigo en la cocina”, blog.

Algunos insisten en que en nuestro país el street food es la eterna asignatura pendiente. Pero los tiempos y la necesidad cambian costumbres, leyes y hábitos. Así que es más que seguro que durante los próximos años vayamos viendo como nuestras ciudades van colocando, estratégicamente, puestos de diferentes estilos y distintos tipos de comidas.
Si lo pensamos bien, la idea no es mala, y puede convertirse en la alternativa de comida más o menos económica, pero sobre todo rápida y nutritiva, que muchos trabajadores demandan, o demandarán cuando se supere el actual bache económico que atravesamos. Dará empleo y animará las calles, en pocas palabras, generará dinero.
La legislación actual es bastante restrictiva al respecto pero como el capital mueve el mundo podemos avanzar que irá dilatándose. Esperemos, eso sí, que con su anchura no engordemos en exceso los demás y que los puestos callejeros que broten, al menos, sean genuinos o autóctonos. Que sean street food a la española. Que incluyan o adopten también alguna de nuestras cocinas, y que como gloria, adornen con tapas, callos o tortilla de patatas parte de sus cartas.