Foodie-Sound-detalle-tono-bungayComprender el mundo es fundamental. Cada día cuesta algo más pero todavía es posible. Triunfar en el mundo parece cada vez algo necesario pero, minuto tras minuto, los ciudadanos nos damos cuenta de su complejidad.
Mala época, mal siglo, peor comienzo. Nos toca reinventarnos cuando en apariencia todo está inventado.
No sé si les pasará a ustedes pero a mí, cada vez que veo una película del estilo  Regreso al Futuro, o La máquina del tiempo, incluso Startgate (no me riñan, ya lo sé), me entran unas ganas locas de conocer otras épocas. De espiar un poco a través de esas imposibles ventanas de tiempo.
Afortunadamente contamos con todas las literaturas para comprender el presente mientras vamos siguiendo y avanzando por rutas que poco tienen de casuales. El caso es que muchas de las disciplinas que hoy en día han hecho mayores fortunas tienen su origen en otros tiempos. Piensen si no en la propaganda. Y si no, mejor, piensen en la publicidad y sus grandes oportunidades porque con la excusa de vender la cosa más barata posible, eso sí, en el frasco más atractivo que exista, ha llegado muy lejos.
Foodie-Sound-portada-Tono-Bungay-WellsH. G. Wells supo captar un episodio muy especial de esa historia que les cuento porque en su época ocurrieron grandes cosas, y porque su época favoreció lo que el protagonista de uno de sus libros más memorables, Tono-Bungay (Random House Mondadori, 2013), describe como “gente estúpida, crédula y deprimida”, recurrentemente manipulada por las incipientes disciplinas del marketing y la publicidad.
El increíble Wells además de dominar la novela vio un filón en su época e ideó la ciencia ficción. También dio forma a una figura ficticia y peculiar pero cuyo reflejo quedó instalado con la fuerza del cemento. Esa figura es la de un farmacéutico de finales del XIX, el señor Ponderevo, quien, deseando subirse a un carro triunfal, no parará de maquinar todo tipo de creaciones y operaciones incluidas las tragedias bancarias. Un hombre sumido en el convulso periodo que representa cualquier cambio de época y técnicas. Un hombre que “etiquetando botellas de necedad” llegó a lo más alto. Un hombre con visión comercial, seducido por el negocio moderno, que “añadió uno o dos ingredientes a algo existente para dar forma a algo nuevo que gustase dos veces más”.
Esa historia, la historia del mundo bajo la óptica del negocio, es la historia que Wells disecciona desde múltiples aristas, porque si la novela es sencillamente magistral, tampoco le falta una figura sin la cual la narración sería mero entretenimiento. Wells introduce un personaje crucial que acompaña al gran hombre de negocios, a Ponderevo. Su sobrino es el verdadero contrapunto, la figura antagonista que a cada momento nos pone los pies en el suelo para cuestionar los beneficios  de aquellas panaceas que han servido para mejorar la humanidad.
Todo tiene un lado positivo y un lado negativo. Y en estas páginas hallarán la historia de un producto gestado en el interior de una farmacia que, sin efectos beneficiosos pero de sabor agradable, pudo “refrescar al mundo”, instarle a permitirse “una pausa” para exprimir “la chispa de la vida” mientras todos, desde entonces, queremos “más y más”, queremos “sentir de verdad”. ¿El qué? Lo que sea, pero no queremos irnos de este mundo con la sensación de haber pasado como fantasmas. Y poco nos importa que se deba a una ilusión si, entre que vamos y venimos, creemos ser felices. Porque, al fin y al cabo, “la vida es como te la tomas“.