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Illustration from Nashville City Paper.

Con doble intención porque se lo merece. Los que han reducido las virtudes del microondas seguirán utilizando este electrodoméstico como complemento para calentar el café de la mañana, el té de la tarde o los macarrones con tomate del mediodía. Pero para los que conocen los defectos y aprovechan las virtudes, el microondas es un electrodoméstico prácticamente insustituible. Pasa como con el sexo, su práctica continuada y la calidad del mismo proporcionan la satisfacción necesaria para darse por contentos. Si se quiere hacer bien, hay que emplearse a fondo, a cambio, se obtienen importantes recompensas. Si hablamos de sexo a buen seguro sonreirán más y los problemas, no es que desaparezcan pero se verán más pequeños. Si nos centramos en la cocina que es lo que aquí importa, el microondas es una opción más que hay que aprender a utilizar. Por eso he decido dedicar el texto de hoy a este aparatejo que desde que irrumpiera en Norteamérica allá por los cincuenta ha tenido numerosos enemigos que, sin embargo, ha superado con éxito.

El microondas puede convertirse en algo inspirador. Con él se puede cocinar pescado sin secarlo (siempre que se tengan claras las potencias y los tiempos, lo que no es fácil pero tampoco es imposible). Fiambres, lasañas y hasta revueltos son posibles con el microondas. Los ingleses y norteamericanos no paran de alumbrar pudines tradicionales que en cuestión de minutos se cuecen tan ricamente al vapor dentro de esta caja mágica; moda a la que nos hemos ido sumado por rapidez, versatilidad de recetas y economías.

microwaves-nuriblan-foodiesoundCon este aparato cocinamos postres y flanes, caramelizamos y derretimos chocolate, siempre muy pendientes esos sí del tiempo para que no se nos queme. 

No podemos hacer pan ni asar con buenos resultados por mucho grill que le pongan, es cierto, pero es limpio, rápido y bien utilizado da unos resultados estupendos. Pero hay diez cosas que nunca debemos hacer con el microondas. Algunas son más conocidas que otras, y otras son precisamente el motivo por el que su cocina con microondas no brilla.

No utilizar utensilios de metal. ¡Evidentemente! El menaje de cocina si está pintado a mano tampoco sirve: se resquebrajará y no quedará nada de aquel viejo recuerdo. Si quieres hacer huevos, mejor los tapas con film transparente. Un huevo crudo en el microondas es como un cóctel Molotov. Cuando se calienta el espacio que separa la clara y la yema de la cáscara es el momento de gritar: ¡Cuerpo a tierra! Ahora bien, que el papel transparente de cocina se admita no significa que el aluminio también; es de metal por fino que éste sea. El chile y las ondas electromagnéticas no se llevan bien. Si no quieres irritarte, literalmente, mejor busca otra receta. ¡Ah, las uvas!, esas pequeñas bombas explosivas. ¿Patatas? Sí, pero ligeramente abiertas para que vayan dejando escapar el calor.

A pesar de que no paramos de calentar agua con el microondas, hay que tener mucho cuidado. El aguan puede llegar a alcanzar temperaturas muy superiores a los 100 grados, y al abrir la puerta, el contraste con el frío terminará de “revolucionar” el agua.  En general, podemos cocinar todo tipo de vegetales y hortalizas pero las zanahorias, por su contenido en hierro, magnesio y selenio no son las más idóneas para este tipo de electrodoméstico. Y por supuesto, nada de calentar alcohol en el microondas ni para el bizcocho. El vino caliente de Ikea (si es que lo soportas) en la cazuela y al fuego.

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Microwave gourmet. Barbara Kafka.

El mayor alegato a favor del “horno sin fuego”, se encuentra en el libro de Bárbara Kafka, Microwave Gourmet en 1987. Pero si los estadounidenses cuentan con Bárbara, nosotros, aunque más tarde, tenemos a Cristina Galiano, verdadera forofa de las ondas.

Aunque Percy Spencer, un ingeniero de la Raytheon Company inventó el sistema o se dio cuenta del poder del magnetrón en 1945 por accidente -lo que en realidad buscaba era mejorarlo para su aplicación en radares militares-, el microondas se incorporó lentamente a la cocina. Tuvo que superar prejuicios relacionados con la salud y sus ventas no se dispararon hasta 1967, año en el que bajó considerablemente de precio.

La era del microondas comenzó más de quince años después de su comercialización en los cincuenta. Hoy en día, lo usen en versión cazo o lo expriman a fondo, el microondas no falta en ningún hogar ya sea antiguo o último modelo. Personalmente conozco una cocina española, doméstica por lo demás, que conserva uno estadounidense fabricado cuando Buddy Holly estrenaba su ‘Oh, boy!‘, y oigan, ¡funciona! Así que denle vida a su aparato.