morcillaDoscientos metros de morcilla son muchos metros, muchos metros y mucha morcilla. Con tan sólo pensar en semejante resultado me empacho. Quizás sea el sueño de cualquier amante de este noble embutido pero no seré yo quien critique ni el sueño ni el reto de materializar semejante morcillón.
Pero para gustos los colores y la verdad es que todo vale para dar a conocer uno de tantos y tan buenos productos españoles como el que protagonizará el próximo domingo esta hazaña. Y es que la Capital Española de la Gastronomía 2013, o sea Burgos, capital de la morcilla por excelencia, ha decidido ponerse manos a la obra y dar forma a la morcilla más grande de la historia, una morcilla de 200 metros de largo y unos 240 kilogramos de peso para el que harán falta 400 voluntarios, y yo creo que todos los comensales de Burgos y pueblos aledaños.
Qué harán después de prepararla es fácil: comérsela. De su venta en forma de tapa se beneficiarán la Cruz Roja y Aspanias, y de su impacto mundial, puesto que la gran morcilla aspira a ser record Guinness, se pretende recoger la Indicación Geográfica Protegida para la Morcilla de Burgos cuya petición ya ha sido presentada ante el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.
Lo que no está tan claro es el tiempo que tardarán en rellenar la tripa de vaca que está esperando los 130 kilogramos de cebolla horcal (la de la tierra), los 50 kilogramos de arroz, los 40 kilogramos de manteca de cerdo, los 40 litros de sangre de cerdo (Oh, my God!) y los 7 y 3 kilogramos de especias y sal, respectivamente; para después cocinarla en una cazuela especial de tres metros de diámetro.
Alguno podrá pensar en que una morcilla de tamañas dimensiones es una animalada digna de otros tiempos, quizá por eso el escenario escogido sea el entorno del Museo de la Evolución Humana donde para muchos reside nuestra primitiva esencia. El día escogido tampoco se ha dejado al azar, precisamente el Día Mundial de la Tapa. En cualquier caso y datos de la jornada al margen, esperemos que lo consigan y que la súper morcilla quede sabrosa y picantosa.
En estrecha relación con la matanza (sin duda inspiradora actividad del cine gore), la morcilla tiene a sus espaldas recetas e historia. Elaborada a base de carne y sangre de cerdo participa en numerosos platos formando parte de los ingredientes básicos que confieren ese sabor característico de guisos y potajes ibéricos. La morcilla es el embutido estrella en la gastronomía burgalesa pero tenemos otras tantas regiones y localidades (Aragón, Asturias, Andalucía, Cantabria, Delta del Ebro, ambas Castillas, Murcia…) donde este embutido ya sea frito, cocido, seco o ahumado, derrite a cualquiera.
El caso es que el origen de la morcilla oscila entre Platón, quien fijó el nacimiento de la morcilla (si no filosófico si físico) allá por el 428 a.C., y la Odisea de Homero donde queda registrado el término, que aparece por primera vez en España de la mano del clásico siempre referenciado Ruperto de Nola.
El caso es que la morcilla también es internacional. Nosotros decimos morcilla, los mexicanos ‘moronga’, los chilenos ‘prieta’ y los ingleses ‘black pudding’. Italia, Francia y Alemania también cuentan con sus particulares morcillas. Para los italianos es ‘sanguinaccio’; en Francia dicen ‘boudin’; y en Alemania, donde cuentan además con distintas variedades, cuando dicen morcilla pronuncian ‘blutwurst’. Hay morcilla en China, Taiwán y Corea, y en otros tantos lugares singulares del planeta.
Y el caso es que la morcilla y sus variedades españolas (con o sin cebolla; con arroz a partir del siglo XVIII; con piñones o avellanas; con más o menos pimentón; con morquera o comino, clavo o canela) forma parte de nuestra geografía gastronómica y como tal, dejando al margen el inmesurable tamaño que se pretende conseguir el próximo domingo, hay que reconocer que la morcilla tiene bien ganado su protagonismo en el plato al que viste por igual ya sea para ser presentada en barro o servida en bandeja de plata.